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martes, 27 de noviembre de 2012

Los campos magnéticos y su incidencia en la salud




Los campos magnéticos y su incidencia en la salud




Existen dos tipos de campos eléctricos y magnéticos, aquellos que viajan o se propagan a largas distancias desde su fuente (también llamados ondas electromagnéticas), y aquellos que están confinados a la inmediata vecindad de la fuente. La mayor parte de los campos tratados en este trabajo son del tipo “confinado”. Por ello es poco apropiado referirse a ellos como “radiación no ionizante”. En términos generales podemos distinguir campos electromagnéticos de fondo, resultado de fuentes varias, y el campo electromagnético de fuentes identificadas (líneas de alta tensión, transformadores, aparatos eléctricos).
Estos campos son no ionizantes, es decir, no afectan los electrones orbitales de los átomos y por lo tanto no ionizan la materia. En este trabajo nos referimos, específicamente, a los campos de frecuencias extremadamente bajas (ELF, “Extremely Low Frequency”).
El campo magnético, se mide en ampere por metro (análoga al V/m del campo eléctrico). La unidad más común para medir esta densidad de flujo magnético es el Gauss (G). También se utiliza el Tesla. Unidades menores son el miligauss (mG) y el microtesla (uT). Los campos magnéticos de 60 Hz son generalmente medidos en milésimos de gauss, o miligauss (mG), siendo 1 mG = 0,1 uT.
Los campos eléctricos pueden ser atenuados por árboles, cercos elevados, edificios y otras grandes estructuras. Los campos magnéticos, en cambio, solo son atenuados por estructuras que contienen gran cantidad de materiales ferrosos o mezclas especiales de metales. Viviendas, árboles y otros objetos no metálicos no actúan como pantallas protectoras para los campos magnéticos (Congress of the United States, 1989).
La revisión de la bibliografía disponible es clara y contundente: no ha logrado demostrarse que los campos magnéticos producidos por plantas transformadoras y líneas de alta y media tensión, antropógenos, sean inocuos. Asimismo sobre ellos hay reglamentación insuficiente respecto de las medidas destinadas a disminuir o evitar los posibles efectos adversos sobre la salud (Tchernitchin, A.N. et Riveros, R. 2004).
La existencia de estándares de exposición, esto independientemente de la discusión sobre “magnitudes límite”, confirma institucionalmente la existencia de riesgos reales y potenciales para el ser humano. En Argentina la resolución 77/98 del Ministerio de Economía establece como límites máximos para campo magnético 25 uT y para campo eléctrico 3 kV/m. En Suiza la BUWAL, organismo oficial de ambiente, admite como límite máximo de campo magnético para áreas de trabajo y residenciales 1 uT. Otros países con normas más estrictas que las establecidas por la ICNIRP son Italia, Rusia y China.
El Ministerio de Salud y Acción Social de la Argentina establece por ejemplo, para los campos electromagnéticos que generan líneas de 132 kV, franjas de protección de 35 metros a cada lado del eje de transmisión. El dictamen suscrito por Jorge Skvarka expresa textualmente, al referirse a líneas de 132 kV: “Como conclusión y contestando los puntos 1, 2 y 3 de los presentes actuados, este Departamento sugiere precaución en el trazado de estas líneas de alta tensión (AT), en un corredor (ROW) de por lo menos 35 metros por cada lado de la línea central. Los mismos no deberían pasar por localidades densamente pobladas y mucho menos por escuelas y centros de salud. Asimismo se recomienda continuar con los estudios de los posibles efectos biológicos serios a nivel laboratorio y epidemiológico. Por lo expuesto en toda esta documentación en el punto 1, fojas 1, no pueden demostrarse que los campos electromagnéticos sean inocuos” (Skvarca, 1996).
Cabe recordar que la ley 24065 dispone en su art. 11° que “Ningún transportista o distribuidor podrá comenzar la construcción y/u operación de instalaciones de la magnitud que precise la calificación del ente, ni la extensión o ampliación de las existentes, sin obtener de aquél un certificado que acredite la conveniencia y necesidad pública de dicha construcción, extensión  ampliación. El ente dispondrá la publicidad de este tipo de solicitudes y la realización de una audiencia pública antes de resolver sobre el otorgamiento del respectivo certificado”.
Un trabajo anterior, de Beniashvili y otros (1991), ya había hallado que la exposición a campos electromagnéticos de baja frecuencia acrecienta la inducción de tumores de glándulas mamarias. La incidencia de los tumores depende de la duración de la exposición a campos magnéticos estáticos (dc) y variables (ac). Los campos magnéticos variables inducen cáncer mamario mucho más frecuentemente que el campo magnético estático.
El primer trabajo que asoció epidemiológicamente los campos electromagnéticos con el cáncer fue publicado por Wertheimer y Leeper en 1979. A partir de esta investigación los trabajos se multiplicaron rápidamente. Publicaciones posteriores han discutido y confirmado, con distintos valores de probabilidad, la incidencia de campos electromagnéticos sobre la generación de leucemias y otros tipos de cáncer.
Un trabajo muy importante, donde se halla correlación entre líneas de alta tensión, campos electromagnéticos y cáncer fue elaborado en 1992 por M. Feychting y A. Ahlbom. Según Feychting, "en un hogar normal los campos magnéticos raramente exceden un promedio diario de 0,1 uT. La incidencia de leucemia infantil se duplicó en hogares donde el campo era de 0,2 uT, y el riesgo fue cuatro veces superior a lo normal (3,8) cuando el promedio era de 0,3 uT. Para niños que vivían a 50 metros de las líneas de alta tensión el riesgo fue 2,9 veces los valores normales". Para adultos el estudio indicó un elevado riesgo de leucemia mieloide crónica. Un campo de 0,2 uT fue correlacionado con un riesgo 1,7 veces superior al normal (Forksning & Praktik, 1992). Aunque estos resultados fueron luego revisados en el trabajo de Ahlbom y otros (Ahlbom y otros, 2000), fue pionero en alertar sobre los efectos de campos magnéticos iguales o superiores a 0,3 uT.
En septiembre de 2000 Ahlbom y otros publicaron el trabajo "A pooled analysis of magnetic fields and childhood leukemya". Este trabajo analizó 9 estudios epidemiológicos que estuvieron acompañados de mediciones y estimaciones de campos magnéticos. El universo total incluyó 3.203 niños con leucemia y 10.338 niños de control. Para 44 niños con leucemia y 62 niños de control con exposiciones a campos magnéticos iguales o superiores a 0,4 uT el riesgo estimado fue de 2,00 (1.27-3.13) para un P = 0,002. En consecuencia una exposición crónica a valores iguales o superiores a 0,4 uT (4 mG) duplicaría en los niños el riesgo de contraer leucemia.
En noviembre de 2000 Greenland y otros publicaron el trabajo "A pooled analysis of magnetic fields wire codes, and childhooh leukemia. Childhood Leukemia-EMF Study Group". El equipo de trabajo de la Escuela de Salud Pública de la UCLA, en Estados Unidos, analizó 12 estudios epidemiológicos que relacionaban casos de niños con leucemia y niños control con exposiciones medidas y estimadas a campos magnéticos. Ellos encontraron que a exposiciones iguales o mayores a 0,3 uT el riesgo de contraer leucemia se incrementa 1,7 veces (1,2-2,3). Greenland y sus colaboradores no hallaron asociación, sin embargo, entre campos magnéticos y leucemia a valores situados por debajo de 0,3 uT. En consecuencia una exposición crónica a valores iguales o superiores a 0,3 uT (3 mG) casi duplicaría en los niños el riesgo de contraer leucemia (1,7 veces).
Una excelente revisión de estos y otros trabajos fue recientemente publicada por Kristie L. Ebi (Ebi, 2002) como parte del trabajo “Children’s health and environment: a review of evidence” que publicó la Organización Mundial de la Salud (Tamburlini, von Ehrenstein y Bertollini, 2002). En esta publicación de la Organización Mundial de la Salud el autor del Capítulo sobre cáncer, B. Terracini, indica: “La asociación entre exposición de estos campos [electromagnéticos] con el cáncer de niños, particularmente leucemia, fue investigada en muchos países mediante el diseño de estudios que usaban cohortes y casos-control. Dos recientes meta-análisis (Ahlbom et al., 2000; Greenland et al, 2000) de estudios de casos-control dedicados a la asociación entre campos extremadamente bajos y leucemia infantil estimaron un significativo aumento de los riesgos (riesgos relativos entre 1,7 y 2,0) para niños cuyas exposiciones medidas o estimadas eran superiores a 0,3-0,4 uT. El IARC [Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer] concluyó recientemente que la evidencia científica, en particular la evidencia relacionada con la leucemia infantil, sugiere que los campos electromagnéticos son posibles cancerígenos para los humanos (Categoría 2B)”.
En un estudio basado en 1.596.959 hombres y 806.278 mujeres en Suecia, se ha investigado la incidencia de diversos tipos de cáncer entre 1971 y 1984, correlacionándolos a la exposición ocupacional a campos magnéticos y electromagnéticos; tomando como base valores determinados por una matriz de exposiciones calculada a partir de medidas para diversas actividades laborales, y datos de censos realizados en ese país. En este estudio, se ha descrito, en hombres, un aumento del riesgo de cáncer testicular en trabajadores jóvenes, y en mujeres, una clara asociación con cáncer del cuerpo uterino. Además se han descrito asociaciones entre la exposición y los siguientes tipos de cáncer en hombres: cáncer de colon, de vías biliares, hígado, laringe y pulmón, riñón, órganos urinarios, melanoma, cáncer de piel no-melanoma y astrocitomas III-IV. Para las mujeres, se han descrito asociaciones con cáncer pulmonar, de mama, melanoma y leucemia linfocítica crónica. Se ha sugerido, una interacción del campo electromagnético con los sistemas inmune y endocrino, los que interfieren aumentando el riesgo de cáncer en sujetos expuestos. (Floderus B, Stenlund C, et Persson T. 1999).
Se conoce que los campos electromagnéticos están relacionados con una mayor incidencia de diversas formas de cáncer, entre éstas, leucemia, tumores cerebrales, cáncer de mama. No obstante, se han descrito otras enfermedades que parecen tener relación con la radiación electromagnética, tales como esclerosis lateral amiotrófica, enfermedad de Alzheimer, asma bronquial, enfermedades alérgicas, aumento de incidencia de abortos, dermatitis por monitor de televisor o computador, electrosupersensibilidad, alteraciones neuroconductuales, cardiacas y endocrinas, etc.
A continuación se presenta un listado de las diversas enfermedades en cuya etiopatogenia puede intervenir la radiación electromagnética, clasificadas de acuerdo a la certeza que se tiene respecto del papel etiológico de dichas radiaciones de acuerdo al estudio realizado en el Programa de Campos Electromagnéticos de California, bajo el patrocinio de las autoridades administrativas y de salud del Estado de California (Davis G, Johnson G, et Bontá D.M. 2001). En ese programa, además de clasificar las probabilidades de causa-efecto para las radiaciones electromagnéticas y diversas patologías mediante las pautas de la IARC (International Agency of Research on Cancer), estableció las “pautas-guía de California”, de acuerdo a las cuales tres revisores expertos calificaron la información existente de acuerdo a grado de confianza de los análisis estadísticos de los trabajos publicados, y establecieron un criterio para definir si existía una relación causa-efecto para cada patología, y la probabilidad de la ocurrencia de esa relación causa-efecto. Las pautas-guías son las siguientes:

Radiación electromagnética como etiología muy improbable (2 a 10% de probabilidad que exista una relación causa-efecto):
-Alteraciones reproductivas o de desarrollo (excluyendo abortos)
-Malformaciones congénitas
-Bajo peso al nacimiento
-Radiación electromagnética como carcinógeno universal (todos los cánceres)

Radiación electromagnética como factor etiológico posible (10 a 50% de probabilidades de
existencia de relación causa-efecto):
-Enfermedad de Alzheimer
-Cáncer de mama masculino
-Cáncer cerebral en niños
-Problemas cardíacos, incluyendo infarto del miocardio
-Suicidio

Radiación electromagnética como factor etiológico probable (más de 50% de probabilidades de existencia de relación causa-efecto):
-Leucemia en niños
-Cáncer cerebral en adultos
-Aborto espontáneo
-Esclerosis lateral amiotrófica (enfermedad de Lou Gehring).

Lo que no se conoce con precisión es el mecanismo por el cual los campos electromagnéticos podrían incrementar el riesgo de cáncer, ya sea como “generadores” o como “promotores”. Desde hace años se conoce que la resonancia magnética producida en los átomos celulares (NMR, "proton nuclear magnetic resonance" de los autores sajones), resultado de los campos electromagnéticos, desencadena diversos efectos biológicos. Por ejemplo, incremento de la tasa de división celular en bacterias, mayor síntesis de ADN en fibroblastos humanos y modificación intracelular del intercambio de iones (Lang y Hendrickson, 1988). Tenforde (1993a) resumió algunos de los mecanismos de acción a nivel molecular. Los campos electromagnéticos pueden alterar las propiedades funcionales de las membranas celulares, y producir cambios en el segundo mensajero que señaliza las vías mediadas por el Ca+2, los nucleótidos y quinasas cíclicos, y la expresión de genes alterados (transcripción y traslado) (Adey, 1990). Según Reba Goodman de la Universidad de Columbia, en Nueva York, y Ann Henderson, del Hunter College, también es posible que los campos magnéticos activen oncogenes como el MYC.
En muchos casos las alteraciones funcionales de las células que resumió Tenforde fueron observadas para campos electromagnéticos (relativamente) bajos. También la respuesta observada de la quinasa C es consistente con el efecto promotor de tumores de los campos electromagnéticos, y similar a lo que ocurre con los ésteres del phorbol (Tenforde, 1993b). Experimentos como los conducidos por Stuchly (1992) subrayan la importancia de conocer estos fenómenos de transducción química. Stuchly halló que campos magnéticos de 60 Hz actúan promoviendo tumores en la carcinogénesis de la piel del ratón y alteraciones genéticas.
Por su parte dos trabajos epidemiológicos conducidos en 1991 por B. Floderus de la División de Neuromedicina del National Institute of Occupational Health (NIOH, Solna) y A. Ahlbom del Instituto de Medicina Ambiental del Karolinska Institute han proporcionado valiosa información para comprender la relación entre campos magnéticos y cáncer. Aunque no se pudo demostrar que los campos produzcan daño directo en el material genético, sí se observaron cambios cromosómicos en células amnióticas. Ambos investigadores presumen que los campos electromagnéticos "promueven" cánceres que ya están biológicamente inicialados (Forsking & Praktik, 1992).


Bibliografia:
-Adams, M. y otros. 1993. “Guidance document for arsenic in shell fish”. Center for Food Safety and Applied Nutrition, United States Food and Drug Administration, enero de 1993, 35 p.
-Adey, W.R. 1990. In: “Membrane transport and information storage”. Wiley-Liss, New York, vol 4, pp. 1-27. Ver también: Tenforde, T.S. 1991. Biolelectrochem Bioenerget., 25:1-17, y R. Goodman y A. Henderson. 1991. Biolectrochem. Bioenerget., 25:335-355.
-Ahlbom, N. Day, M. Feychtinhg, E. Roman, J. Skinner, J. Dockeny, M. Lmet, M. McBride, J. Michaelis, J. H. Olsen, T. Tynes y P. K. Verkasalo. 2000. "A pooled analysis of magnetic fields and childhood leukemya". British Journal of Cancer, vol. 83, pp. 692-698.
-Barnes, F. et al. 1987. “The use of wiring configurations and wiring codes for estimating externallygenerated electric and magnetic fields”. Manuscript, F. Barnes, Dep. of Electrical and Computer Engineering, University of Colorado, Boulder.
-Beniashvili, D. y otros. 1991. “Low-frequency electromagnetic radiation enhance the induction of rat mammary tumours by nitrosomethyl urea”. Cancer-Lett, vol. 61, nº 1, pp. 75-79.
-Bonhomme-Faivre, L., S. Marion, Y. Bezie, H. Auclair, G. Freddy y C. Hommeau. 1998. “Study of Human Neurovegetative and Hematological Effects of Environmental Low Frequency 50 Hz Electromagnetic Fields Produced by Transformers”. The Archives of Environmental Health, 53, pp. 87-92.
-Congress of the United States. 1989. “Biological effects of power frequency electric and magnetic fields”. Preparado para OTA por I. Nair, M. Granger Morgan y H. Keith Florig, Washington, 103 p.
-Davis G, Johnson G, et Bontá D.M. An evaluation of the possible risks from electric and magnetic fields (EMFs) from power lines, internal wiring, electrical occupations and appliances. Draft 3 for public comment. California EMF Program, State of California,Oakland, California (2001) 329 p.
-Ebi, K.L. 2002. “Electromagnetic fields”. En: “Children’s Health and environmnt. A review of evidence”, Ed. G. Tamburlini, O. Von Ehrenstein y R. Bertollini. World Health Organization (WHO), Regional Office for Europe, Rome, pp. 172-187.
-Feychting, M. y A. Ahlbom . 1992. “Magnetic fields and cancer in people residing near Swedish high voltage power lines”. Karolinska Institute, IMM Report, 6/92, 31 p.
-Floderus B, Stenlund C, et Persson T. Occupational magnetic field exposure and site-specific cancer incidence: a Swedish cohort study. Cancer Causes Control 1999; 10:323-332
-Forksning & Praktik. 1992. "Power lines increase cancer risk for children", Forksning & Praktik, Sweden, 7/92.
-Greenland, S., A.R. Sheppard, W.T. Kaune, C. Poole y M.A. Keish publicaron el trabajo "A pooled analysis of magnetic fields wire codes, and childhooh leukemia. Childhood Leukemia-EMF Study Group". Epidemiology, vol. 11, nº 6, pp. 624-634.
-Lang, D.S. & R. Hendrickson, 1988, "Carcinogenesis and non-ionizing radiation", Int. Persp. In Public Health, Canada, 4:24-25.
-Loscher, W. 1993. “Tumor promotion in a breast cancer model by exposure to a weak alternating magnetic field”. Cancer-Lett, vol. 71, nº 1-3, pp. 75-81.
-Skvarca, J. 1996. Dirección de Registro y Fiscalización de Recursos de Salud, Ministerio de Salud y Acción Social, Secretaría de Salud, Gobierno Nacional, Expediente nº 2.734/96-8, Buenos Aires, 3
-Solbeizon, H.L.; "Lineas de energía eléctrica. Cómo reducir los impactos ambientales", enero-febrero 1982, 5 p.
-Stuchly, M.A. y otros. 1992. Cancer Lett., 65, 1-7.-Tamburlini, G., O.S. von Ehrenstein y R. Bertollini (Editores). 2002. “Children’s health and environment: a review of evidence”. World Health Organization, Regional Office for Europe, Rome, 223 p.
-Tchernitchin, A.N. et Riveros, R. Efectos de la Radiación Electromagnética sobre la Salud. Cuadernos Médico Sociales, 44: 221-234. 2004. Chile
-Tenforde, T.S. 1993. In: “Electricity and Magnetism in Biology and Medecine”, M. Blank Ed. San Francisco Press, San Francisco.
-Tenforde, T.S. 1993. “Health effects of low frequency and magnetic fields”. Environ. Sci. Technol., vol. 27, nº 1, pp. 56-58.
-Wertheimer, N. y E. Leeper. 1979) “Electric wiring configuration and childhood cancer”. American Journal of Epidemiology, 109:273-284.



Síntesis elaborada por Vecinos Autoconvocados del Barrio Los Naranjos, San Salvador de Jujuy. Junio del 2012.

Obs: a la fecha, septiembre de 2012, contamos con numerosos trabajos científicos en adición a los mencionados en la síntesis que indican todos el peligro para la salud de los niveles de campo magnético iguales o superiores a 0,3 μT.

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